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RSE. Home Project: nuestra casa en peligro
La “crisis del capitalismo” que hizo eclosión hacia fines de 2008 nos hizo a muchos mirar sobre nuestros propios pasos y analizar el modo en que vivimos. La solidaridad, un valor inherente al mundo 2.0, aparece hoy como una necesidad para proteger a los cada vez más que están fuera del sistema. Y las grandes marcas no son ajenas a este análisis retrospectivo. Algunos lo hacen para “lavar culpas” o para simular preocupación. Y otros lo hacen a conciencia.
No sé cuál de los dos casos es el que les vamos a presentar hoy. Se trata de una acción de Responsabilidad Social Empresaria (RSE) ligada al arte, pero también a la ecología y la sustentabilidad. Lleva el nombre de Home Project y es un filme patrocinado por Europa Corp. y el PPR Group, propiedad del mecenas multimillonario Francois-Henri Pinault (dueño de marcas como Puma, Stella Mc. Cartney, Fnac, Gucci, Yves Saint Laurent, Balenciaga y Conforama, entre otras).
PPR financió un excelente filme dirigido por Yann Arthus-Bertrand que habla sobre la sustentabilidad y cómo debemos proteger el planeta. Hasta el día 15 de junio se lo puede ver gratis en HD y traducido al español en Youtube. Luego, en las mejores salas, por ahora de Europa. Dura una hora y media, pero bien vale la pena. Por su fotografía, por sus imágenes, pero también por su didáctica y sobre todo por su mensaje. La película, que demoró 5 años en ser filmada, fue producida por el director y guionista Luc Besson y la narración en español lleva la voz de Salma Hayek.
Enjoy HOME!
Gustavo Mames
Interactivity
¡Atrapen al pirata!

La piratería está a la orden del día. Sin necesidad de ir a la Salada, y con solo recorrer cualquier barrio de Buenos Aires podemos encontrar ropa, cds, software, música, relojes… en fin. Todo lo que imaginemos, vendido ilegalmente.
En el modelo de pensamiento del siglo XX, la discusión se cernía a definir con qué estrategia debían atraparse a los ladrones o los contrabandistas. El emblemático Eliot Ness fue, sin dudas, uno de los referentes contra el contrabando de alcohol en los Estados Unidos de los años ´30. Pero ese modelo, que parece estar solo en las películas, hoy sigue vigente. Y, día a día, nos encontramos con decenas procedimientos como estos para combatir el mal.
Como es lógico, desde estas páginas estamos del lado del bien, y no alentamos el comercio ilegal. Pero, en un sentido, debemos ponernos del lado del mal (o al menos de quienes lo consumen) para entender los posibles caminos de solución al problema de la piratería.
¿Qué piensa el que compra “trucho”? Lejos del “dilema moral” de si está bien o mal comprar un producto, la lógica imperante es: “¿por qué pagar de más, si puedo conseguir una copia exacta por un precio mucho menor?”. Y eso es por lo menos lógico.
Por supuesto, no es lo mismo comprar indumentaria falsa (la calidad no es la misma, evidentemente), que música ilegal (donde la copia es exactamente igual que la original). Los invito a que nos detengamos un minuto en el segundo ejemplo (el de la música), cuyo ejemplo podría aplicarse a la piratería en otros rubros como películas o software, aunque con algunos atenuantes.
La pregunta es: ¿cuál es el valor de comprar original? Y es allí es donde los marketineros deben trabajar. Es decir, debemos entender a los consumidores, no castigarlos.
Un ejemplo no tan nuevo, pero siempre vigente es del de la banda Radiohead, que hace un año y medio (octubre de 2007) lanzó su trabajo “In Rainbows”. Y no es casual que diga su trabajo y no su disco, ya que este material fue puesto on line en la página www.inraibows.com, desde donde podía ser descargado en forma gratuita.
Al clickear el botón “download”, la web invitaba al usuario a donar lo que consideraba valía este trabajo. Una especie de donación “a la gorra”. Como era evidente, la mayoría lo descargó sin donar un solo centavo. Pero el 38% de los usuarios, decidieron aportar a la causa, con un precio promedio de 7 dólares por donante.
Sumando la comercialización en este formato, más Itunes y otros portales de descarga pagos, Radiohead vendió… 3 millones de Cds, contra 1 millón que había vendido sumando todos sus discos anteriores con el formato tradicional. Todo esto, sin campaña publicitaria ni una compañía discográfica detrás.
Pero la historia no termina aquí: entre todos los registrados, la banda ofreció una edición limitada (que costaba “solo” 60 €) gracias a la cual los fanáticos también podían tener –ahora sí- el CD en su formato clásico. Lógicamente, editado por un sello independiente.
La acción a la que llamaron “Pay what you want!” logró resolver en buena medida el problema que hoy sigue teniendo la industria de la música del siglo XX. Con la lógica 2.0, donde la colaboración y la honestidad rigen las acciones de los cibernautas, la solución parecería estar más cerca.
Del bowling al pinball

La lógica 2.0 es, definitivamente, distinta. El grueso de las agencias y creativos están sin dudas en el proceso de migración de modelos, entendiendo este nuevo fenómeno de la comunicación. Lo más complejo, quizás, es la “evangelización” que todos hacemos día a día con nuestros clientes, tratando que asimilen esta nueva cosmovisión.
Para lograrlo, creo que los buenos ejemplos de casos exitosos en el mundo y las buenas metáforas ayudan, y mucho.
En este post les voy a contar lo que leí acerca de Matias Palm Jensen, CEO y Director General Creativo de Farfar, una de las agencias digitales más innovadoras, en este caso de Suecia.
Jensen grafica la diferencia que podemos encontrar entre la comunicación 1.0 y la 2.0. con el ejemplo de dos juegos: el bowling y el pinball (o flipper, como lo conocemos en la Argentina).
Antes, dice, la comunicación era como un juego de bowling: había un mensaje (una bola) y teníamos que lanzarla con la mayor fuerza y precisión posible. Cuantos más palos derribáramos, mejor era. Luego, la bola volvía por el canal que esperábamos (el feedback), y estábamos listos para seguir lanzando. Solo había tres tiros, pero la idea era esencialmente derribar palotes.
Hoy, el juego de la comunicación se parece más a un flipper: lanzamos la pelota (el mensaje), y el éxito suele ser directamente proporcional con el nivel de rebote que esta pelotita tenga (la viralidad). Lo único, es que debemos estar atentos para mover la máquina lo suficiente como para ayudar a direccionar la bola (¡sin tildar el juego!) y volver a tirarla hacia arriba cuando la pequeña pelotita caiga nuevamente en nuestros flippers.
Sin dudas, una metáfora muy gráfica y contundente para entender y hacer entender que las reglas del juego (y el mismo juego) han cambiado.
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